Corazón místico de María, modelo cristiano: imítalo!

Quiero hacer unas consideraciones sobre el lema que tienen los “Grupos de Oración del Corazón de Jesús”: “Amar y hacer amar al Corazón de Jesús desde el Corazón Inmaculado de María”.  Y más en concreto, a estas últimas palabras. ¿Qué encierran? ¿Qué significan? ¿Cómo vivirlas?

 

Un corazón místico enamorado de Jesús.

Corazón místico de Maria y AnunciaciónDesde el momento de la Encarnación, en que comenzó a existir en su purísimo seno, María le amó como a su Dios, “con todo su corazón, con toda su alma y con toda su fuerza” (Dt 6,5) y como a su Hijo, con toda la capacidad de un purísimo amor maternal.

Le amó mientras iba desarrollándose en sus entrañas maternales, especialmente cuando notó que latía ese minúsculo, pero infinito, Corazoncito del Niño-Dios. Ambos Corazones latían al unísono.

Le amó de forma nueva en el momento en que nos le dio en Belén. En medio de tanta pobreza nos dio la Riqueza infinita.

¡Qué besos, qué caricias, qué ternura tendría para su Bebé-Dios! Aun sumando toda la ternura de todas las madres para con sus hijos, no se llegaría ni a una sombra de la de María para con su Jesús.

¡Con qué cariño le alimentaría, vestiría, lavaría, enseñaría a andar, a hablar, a orar…!

 

Corazón místico de Maria en Las bodas de Caná

Cuando Jesús comienza su vida pública, María procuraría escucharle cuando pudiera y desearía inmensamente que su Palabra fuera acogida y diera fruto en todos los corazones. Pero ¡cuánto sufriría al ver qué muchos no le recibían, es más, le despreciaban, le tenían por loco y endemoniado, le odiaban…! Y mucho más cuando lo hacían algunos miembros de su propia familia… (Mc 3,21)

Durante la Pasión, María está junto a Jesús, al pie de la Cruz, firme, unida íntimamente al Sacrificio de su Hijo Redentor. Ella sufría en su Corazón lo que Jesús padecía en su cuerpo, como dice S. Bernardo. Allí se hace Corredentora. Allí Jesús ensancha el Corazón Místico de María, para hacerla Madre de todos nosotros. La que no padeció al dar a luz a Jesús, sufre mucho para dar la Vida a nuestras almas…

 

En la Resurrección de Jesús, el Corazón Místico de María estalla de gozo.

 

Y ahora, en el Cielo con su Cuerpo y su Alma, toda Ella es un amor desbordante, sin límites…

Pienso que a María no le cabe tanto amor en su Corazón que, aunque es enorme, es limitado por ser humano.

Pienso que la Virgen quiere ensanchar su Corazón y amar a Jesús en aquellos corazones que se lo permitan.

Corazón místico de María, Madre de la EucaristíaSi una persona se entrega a Ella incondicionalmente, con todo su corazón, María se sirve de él para amar a su Jesús, con toda su ternura, delicadeza, entrega, cariño…

María se sirve de él para reproducir, revivir sus dolores corredentores. María le modela, acomoda, plasma, forja a imagen y semejanza del suyo propio, para poder dispensar a Jesús sus mismos sentimientos. ¡Cómo goza la Virgen cuando puede multiplicar su amor a Jesús, a través de otros corazones humanos!

Y, naturalmente, ¡cómo goza Jesús cuando ve reproducido el amor de su Madre en otros corazones! Es el mejor consuelo que se le puede ofrecer, la mejor reparación, la mayor alegría.

No pienso en el recibimiento que tendrán esas personas cuando, terminado este destierro, vayan a su presencia. El Juicio Particular se convertirá en un abrazo de Amor infinito y eterno. Digo que no pienso en ello, porque no quiero entibiar estas consideraciones con el egoísmo de nuestro gozo personal ni con el premio que puedan venir de ellas, sino que pretendo solamente la alegría de María y de Jesús.

De María, al poder acrecentar su amor a Jesús. De Jesús al recibir multiplicado el amor de su Madre.

Se suele hablar del Cuerpo Místico de Cristo. (Cfr. Lumen Gentium, especialmente los dos primeros capítulos). Creo que es una realidad de la que aún no somos suficientemente conscientes…

 

Corazón Místico de María

Jesús es nuestro salvadorPero, ¿no se puede hablar del “Cuerpo Místico de María”? O, tal vez mejor, ¿del “Corazón Místico de María”?

Estaría formado por todas aquellas personas que se hubieran consagrado a su Inmaculado Corazón, que se hubieran entregado incondicionalmente a Ella, que se hubieran acurrucado en su Corazón maternal, para que Ella prosiguiera en ellos la labor que comenzó en Jesús, gestando, formando, alimentando, educando… ¡Es su dulcísima obligación, desde que Jesús se la encomendó en el Calvario! Esas personas serían hoy como prolongación de María. Tendrían sus mismos sentimientos, sus mismas actitudes, sus mismas palabras, sus mismos criterios, su mismo amor, … ¡su mismo Corazón!

En síntesis, ¿cuántos quieren de verdad y con todas las consecuencias formar parte del “Corazón Místico de María”?

 

Yo me apunto. ¿Te apuntas tú también?

 

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